Encotnrarlo es una tarea nada fácil, pero para el periodista la suerte también cuenta, pues me lo encontré en el teatro Mocha Graña, en Barranco, dictando sus talleres de teatro. En escena, esta vez como profesor, parece un ser arrancado de los teatros griegos, concentrado y gritando martillando y moldeando talentos innatos.
Accede a la entrevista pero en el "teatro Larco" donde se monta la obra "Deamsiado Poco Teimpo", "quizá suene a perogrullo, pero no dispongo de mucho tiempo", me dice, con esa voz sacada a cucharadas de la garganta. Y se va.
"solo cinco minutos, por favor"
El Teatro Larco posee un escenario nada comùn para quienes son asiduos a este hermoso arte: el de la actuación. Asientos forrados por un suave tapiz rojo, numerados de manera impar a la izquierda y pares a la derecha; un escenario amplio y profundo donde la mirada parece extraviarse buscando un alo de vida; y un telón cerrado color sangre, pero sin vida.
De inmediato, se escucha !MIERDA! Es la primera señal de vida y seis corazones comienzan a latir en formas distintas pero hacia una misma dirección. Pietro, detrás de ellos obvia mi presencia para encarnar a sus personajes, mientras sus demás compañeros hacen lo suyo al igual que él.
Los cambios de escenas o de vida, se hacen a baja luz mientras unos muros movibles van dando especial ambiente a cada uno de los actos, que en total son ocho. Aquellos, son movidos por los propios actores quienes tienen cada paso calculado a un ritmo donde hay "demasiado poco tiempo" para pasar de un pantano, hábitad de las moscas de mayo, hasta París.
Pietro se acerca después de la obra, con voz aún, me pide que nos apuremos porque tiene solo quince minutos. Las preguntas de rigosse atascan o se pierden cuando uno cree tenerlas al alcance de la memoria.
"Pietro: qué conservas de ti en cada personaje". Creo haber dado un paso acertado, porque lo hice pensar.
Me contesta a su manera: tengo que adivinar la respuesta cuando me conversa sobre uno de sus personajes "Edgard D` Gass". Un personaje hilarante, sacado de la locura misma del actor. Eso puedo inferir cuando lo interpreta para este humilde redactor "Hoy quiero ser Edgard D` Gass. Si. Hoy puedo ver todos los colores del mundo y esto porque soy Edgard D` Gass". Lo grita como un poseído, sin tartamudear ni buscar las muletillas con las que suele refujiarse cuando es Pietro Sibille.
Cortamos la entrevista, pues ya son más de la diez de la noche y se despide dándome un fuerte golpe en el mismo hombro con el que le doy la mano y baja a los vestuarios quizà para irse a casa, o para retirarse con la extraordinaria rubia que lo espera.
La obra deja el dulce aroma de estar haciendo bien las cosas. Hago lo que me gusta y camino por esa trocha agreste que pone a prueba el temple y la decisión de las personas. Quizá lo resaltante de toda la trama se guarda en el corazón y el significado de cada vida en estas ocho obras dentro de una son un llamado a nuestra misma conciencia.
Cada minuto es una oportundiad para vivir, crecer, amar, hacer el amor, ser feliz.
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